martes, 27 de julio de 2010

JUSTIFICACIÓN TÉCNICA Y SOCIAL AL PARQUE NACIONAL SIERRA DE LAS QUIJADAS


Populardesanluis@yahoo.com.ar

Por Horacio López

Técnico universitario en Guardaparques

Cuando las expresiones que se escuchan son que no se ha invertido y que el Parque Nacional no ha generado desarrollo, es imposible no reflexionar sobre algunos datos históricos. Desde la llegada de Parques Nacionales a Las Quijadas en el año 1995 a la fecha, el número de personal ha aumentado de 2 a 18, siendo en la actualidad un total de 10 los puestos de planta permanente, de estos 5 son personas de San Luis. De los 18 trabajadores 10 personas son oriundas de la provincia de San Luis, siendo 6 pobladores locales, habiendo sido todos capacitados por la Administración de P. Nacionales.

De los mas de 50 guías habilitados en el Parque Nacional, unos 15 son guías de sitio (lugareños), una cifra difícilmente repetible en proporción en el sistema de Parques. Todos estos guías de sitio trabajan en igualdad de condiciones con el resto.

La planta automotriz se cuadruplicó en estos 15 años. Se realizaron censos socio productivo en las poblaciones vecinas, se trabajó en educación y extensión ambiental en las escuelas de la región, se detuvo el saqueo de bienes paleontológicos y otros, que se acrecentaba en los años previos a la creación del P. Nacional y se realizó efectivo control sobre las riquezas naturales y culturales del lugar. Se fomentó y apoyó la investigación desde los ámbitos interno y externo, con un creciente vínculo con la Universidad Nacional de San Luis (UNSL). Se realizó el Plan de Manejo del área de manera participativa vigente desde el año 2006, así como otros planes educativos e interpretativos y de monitoreo. Se fomentó la recreación ordenando y diseñando nuevas alternativas de uso para el público visitante del Parque Nacional. Se combatieron efectivamente todos los incendios forestales .Se participó y apoyó en por lo menos 5 documentales relacionados al lugar. Hoy en día están en construcción las obras de viviendas e infraestructuras para guardaparques, centro de visitantes y otras, por el “Proyecto BIRF de Áreas Protegidas y Corredores Chaqueños” por un monto de $ 3.488.696.

Por ultimo se puede apuntar que se llevaron a cabo múltiples interacciones con las comunidades vecinas, no solo de San Luis sino también de Mendoza y San Juan, a través de trabajos mancomunados con el INTA-PSA (Plan social Agropecuario), proyectos de mejoras estructurales para la producción familiar y comunal en las localidades de El Forzudo y El Retamo (Mdza.), colaboración con Programa de Control de Chagas, apoyo a la formación de Comisiones y Asociaciones. Actualmente el componente DAS del Proyecto BIRF con apoyo para infraestructura y capacitación en las poblaciones vecinas de San Luis y Mendoza. Y la colaboración ya histórica del personal del Parque Nacional para con los vecinos. Es importante informar también que la Administración de Parques Nacionales cuenta con una Delegación Regional Técnica, abocada al apoyo de los Parques de la región centro oeste del país con un equipo multidisciplinario de más de 20 técnicos.

EL PARQUE NACIONAL SIERRA DE LAS QUIJADAS, con el aval que significa esa CATEGORIA que le da un sello internacional, hoy es el principal atractivo de oferta turística natural que poseen lugares como San Francisco del Monte de Oro, Lujan y San Luis Ciudad, y el principal destino turístico receptivo de la provincia, la VILLA DE MERLO en el Valle de Contara.

Como revertir el deterioro ambiental

El Parque Nacional Sierra de las Quijadas se declaró en la década de los 90, se trata de un ambiente fuertemente deteriorado por la intensa actividad extractiva a la que fue sometido sobretodo en el siglo 20, “ya advertía Román Guiñazú de la necesidad de protegerlo en la década del 30”. Gran parte de sus bosques fueron talados o quemados, muchas de sus especies de fauna diezmadas, la ganadería intensiva en una región de características áridas dejó y deja su marca, el saqueo de los valores paleontológicos y geológicos fue grande, y eventos tan distantes como el manejo de la cuenca hídrica del Río Desaguadero trajo aparejado el mayor cambio ambiental y por consecuencia social de la región, la perdida del Humedal de Huanacache. Todo esto pone al Parque Nacional Sierra de las Quijadas en una situación cual cuarentena, en cuanto a la recuperación en su sistema natural. Son graves y evidentes hoy en día los procesos erosivos que se han originado por la intensa actividad humana previa creación del P. Nacional. En el Humedal de Huanacache, Sitio Ramsar, no solo se han perdido en gran medida desde hace décadas la fauna y la flora asociadas, sino también las canoas y los pescadores.

Hoy asistimos a proyectos que pretenden dar vida a esas antiguas lagunas, ¡¿quien puede negar que esas lagunas nunca debieron desaparecer?!, pero hoy en día la transformación del medio natural y social, y su pretendida recuperación a un estado parecido al original, parece remitirse a una simple cuestión de ingeniería, como si todo eso se pudiese recuperar con la sola construcción de un paredón que intente retener agua. No es pesimista reconocer que estos proyectos podrían llegar a ser más drásticos en sus resultados que la desaparición misma del humedal. Ni que hablar de que sin agua no habrá muralla que valga, y la cuestión del manejo hídrico en la cuenca del Desaguadero, Ríos Mendoza, San Juan y Jáchal- Bermejo, es más compleja y llega hasta los mismos glaciares de altura. Desde el uso urbano y agropecuario, hasta el más reciente pero inmensamente más demandante uso de agua por parte de la minería a cielo abierto. El arrebatamiento de las aguas por parte de otras jurisdicciones y la contaminación de las que dejan correr no dejan mucha luz de esperanza en el horizonte para los rimbombantes planes “laguníferos locales”.

Es de suponer que cualquier actividad, no consensuada y controlada debidamente, como por ejemplo las de pastoreo o extractivas, traerán consecuencias ambientales, ni que hablar de las consecuencias sociales que traerá el usufructo a favor de un solo sector de la comunidad, sobre el actual patrimonio argentino que constituye el Parque Nacional Sierra de las Quijadas. Por eso al leer las declaraciones criticando, en el Diario de la República del 5 de Abril pasado, por parte de funcionarios ilustrándose con fotografías añejas, que existen tranqueras que restringen el acceso a caminos internos del P. Nacional, habría que ver que otra mejor manera conocen de mantener a las 4x4, las armas de los cazadores furtivos, los camiones de extractores de madera y a los cuatreros, fuera del área protegida.

No hace falta ser un especialista en conservación y administración de parques y reservas para entender las razones de ciertas restricciones que aunque discutibles si se quiere, hoy en día son legales dentro de la jurisdicción; pero los argumentos y reflexiones oficiales en San Luis pierden credibilidad cuando los expertos –peritos en restauración ambiental que encarnan la voz son agrimensores o fiscales, como dice el viejo adagio, “zapatero a sus zapatos”.

El reconocimiento de una comunidad originaria

Sin perjuicio de que el mestizaje entre la sangre de habitantes del continente americano, previo al desembarco colonizador, y todas las inmigraciones que llegaron a estas tierras posteriormente, constituye la base humana de este país, es innegable que ciertas etnias, ya sea por su ubicación geográfica o por rasgos culturales han perdurado hasta la actualidad mas que otras. Y por perdurado aquí se define a la mantención de sus rasgos culturales y en relación al territorio que ocuparon, al menos históricamente.

Es así que desde la colonización española y la posterior conquista del desierto por parte del gobierno unitariamente centralizado, los pueblos originarios han pasado desde la persecución y exterminio hasta la marginalidad y recientemente el inicio de su reconocimiento. Conocidas son las reivindicaciones en diversos puntos del país, producto de cruentas luchas que han demorado décadas en ir dando frutos. Tampoco son ajenos a estos procesos el oportunismo político en esas justas causas.

Y es aquí donde el caso de San Luis comienza a mostrar su ribete llamativo, ya que el reconocimiento de las etnias ancestrales no es producto de la organización y lucha de las comunidades, sino un impulso del mismo estado provincial. Conocida es la reivindicación del pueblo Huarpe en la provincia de Mendoza, departamento Lavalle, con mas de 10 comunidades organizadas reclamando su derecho comunal al gobierno provincial desde hace tiempo, hecho inexistente de este lado del Río Desaguadero hasta que el mismísimo gobierno de San Luis se convierte en abanderado de la causa.

Mas allá del posible análisis antropológico sobre los rasgos culturales, y que los pueblos de la región fueron conquistados y cristianizados hace ya varios siglos, es sabido que con el Humedal de Huanacache, extinto hace décadas, se fueron muchos rasgos característicos de la región. Al parecer todas estas cuestiones son ignoradas por el gobierno familiar que impulsó la cesión a la nación para la creación de un Parque Nacional y el encargado de llevar adelante las expropiaciones a los dueños que poseían titulo legales.

La administración de Parques Nacionales recibió de manos del gobierno provincial esas tierras en esas circunstancias, ya que el estado provincial no realizo ningún tipo de reconocimiento a la comunidad Huarpe en cuestión. Es un hecho que desde los viejos permisos de ocupación y pastaje de hace décadas en Parques Nacionales, ha cobrado gran fuerza y se ha multiplicado la interacción, el reconocimiento, el apoyo mutuo entre la Administración de Parques Nacionales, en todas las áreas protegidas de su jurisdicción y las comunidades vecinas, sean campesinos de pueblos originarios o criollos.

A modo de conclusión

Independientemente de los métodos con el que el gobierno de San Luis se encuentra encausando la restauración histórica, cosa que no nos atañe analizar en esta instancia, tal reconocimiento desde cierto punto de vista es un hecho indiscutible en la práctica, ya sea el caso del pueblo denominado Ranquel, al sur de la provincia, y como lo es el caso del pueblo Huarpe a los que ya se les restituyeron mas de 6.000 has.

Lo que genera sensación sospechosa, es que tal reconocimiento se de justamente en el marco de una batalla política Estado Provincial versus Nacional, y que el precio de esta pretenda ser la caída de una área protegida con 20 años de vida. Es paradójico que se pretende arrebatar un bien bajo la custodia de la Nación, más cuando es la Nación misma la que ha iniciado primero el reconocimiento de la preexistencia étnica. Llaman poderosamente la atención el modo con que se esta llevando a cabo este reconocimiento en San Luis, lo restringido del alcance a nivel social ya que al parecer muchos descendientes no forman parte de los seleccionados, ya que pocos son los beneficiados, y de ellos algunos ya eran terratenientes en la zona en cuestión.

Las tierras cedidas al pueblo Huarpe, ¿para su propiedad comunitaria?, en la localidad de La Tranca, las cuales constituirían mas de 6 mil hectáreas, han sido emplazadas dentro del sector norte que conformaba la Reserva Provincial de usos varios del proyecto original, justo acorde a lo previsible en estos casos y contigua al área núcleo de conservación que constituye el Parque Nacional Sierra de las Quijadas, por lo tanto no resulta un conflicto de usos y administración. Es aquí donde al estado provincial le corresponde cubrir su rol y desarrollar las condiciones de vida digna de toda la comunidad de LA TRANCA.

Este debiera ser el punto de partida de un trabajo mancomunado, Nación, Provincia y Comunidad de La Tranca, cada uno asumiendo su rol y responsabilidad, por el desarrollo y el bien común de la región y sus habitantes. Ya que la existencia de un Parque Nacional vecino, que con sus 75 mil hectáreas es un patrimonio y potencial no solo de la comunidad Huarpe, sino de todos los vecinos de la amplia región a su alrededor, es de por si una oportunidad de desarrollo con la que muchos pueblos desearían contar hoy en día.


No hay comentarios: