viernes, 9 de julio de 2010

Adolfo y Alberto prisioneros de su propio esquema


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¿ANDROPAUSIA O CRISIS DE LOS HERMANOS?
EL SÍNDROME DE URQUIZA ENTRA EN JUEGO
Ambos hermanos se pelean por no poder disfrutar de su fortuna
Por J. Chiclana

Según está probado el general Justo José de Urquiza tuvo más de ciento diez hijos, entre legales y naturales, y llegó a ser dueño de la mitad de la provincia de entre Ríos, y de innumerables empresas y una residencia monumental, la mejor de su época. Gobernó durante muchos años, legisló, reunió bienes, dirigió ejércitos, hasta que un día se planteó una duda existencial ¿cuándo disfrutaría plenamente de la inmensa fortuna acumulada?. Los historiadores le llaman “el síndrome de Urquiza”. Le sucede a los políticos que acumulan mucho más de lo que podrían gastar generaciones de sus descendientes y no pueden dejar el poder.
La cuestión fue que en 1868 Urquiza decidió dejar el Gobierno a uno de sus generales y retirarse a disfrutar. Dos años después fue asesinado.
El episodio puede ilustrar fehacientemente sobre la realidad de algunos políticos locales, específicamente los hermanos Adolfo y Alberto Rodríguez Saá, que también han reunido una inmensa fortuna y exigen el derecho a disfrutarla.

LOS DOS NO PUEDEN RETIRARSE
Adolfo Rodríguez Saá ha logrado algo muy importante; después de veinte años al frente del Gobierno provincial está casi como retirado; su residencia en Buenos Aires le permite gozar de su enorme fortuna, tener mucho tiempo libre, viajar, atender algunas empresas, dedicarse a sus hobbys predilectos, instalar cadenas comerciales a las señoritas amigas. Es un hombre de mundo, ¿quién lo duda? Luego de su promocionado viaje a las islas griegas quedó plantado como un bon vivant y el país le reconoce que es un tipo que está de vuelta. Hasta le sobra tiempo para reunirse en alegre plática con políticos desahuciados.
Adolfo consiguió lo que difícilmente pueda hacer un hombre público que labrara tanta fortuna en forma irregular; consiguió retirarse a disfrutarla sin preocupaciones. Alguien le cuida las espaldas; y ese alguien es su hermano Alberto.
Pero resulta que es Alberto ahora el que vive el síndrome de Urquiza ¿cuándo podrá él disfrutar de sus ingentes bienes? ¿Cuándo podrá dejar el gobierno sin miedo a que un Pellegrini atropelle a los policías, o un que Leyes o un Freixes le armen otra lista y le ganen, o que algún gran empresario ex socio lo denoste en los diarios nacionales, o que los puntanos se olviden de él porque en los últimos treinta días no inauguró alguna obra faraónica?.
Vivir como vive el Alberto no es vida. Ningún potentado vive así. ¡Vive Dios!
Y el hombre no se puede retirar, ¿quién le cuidaría las espaldas? Podría pasarle lo que a Urquiza, o que alguien lo lleve de nuevo a Tribunales.

CUMBRE POLÍTICA PARA COORDINAR LA RETIRADA
Los dos hermanos no pueden retirarse al mismo tiempo, pues no confían en nadie que les cubra las espaldas. Por eso llegó la cumbre de la semana anterior en ocasión de la habilitación del edificio Terrazas. Para el Alberto se trata de convencer a su hermano que vuelva a San Luis y se haga cargo de la Gobernación. Adolfo no quiere; si fuera electo en 2011 terminaría en 2015 y cercano a los setenta años. ¿Para qué habría juntado tanta plata si ya no la podría disfrutar?
Los amigos de Adolfo en cambio concurrieron muy optimistas al ágape en las Terrazas. Tanto Hugo Marín como “Coco” Quinzio, ex ministros del gran hermano esperan que éste retome su lugar. No son los únicos, también otros miembros de la vieja guardia como Carlos Sergnese, Johny Rosso y Esteves esperan tener otra oportunidad; todos ellos se reúnen habitualmente para recordar las viejas glorias.
Mientras tanto el Alberto los mira de soslayo y recela de ellos; sabe que aspiran a reemplazarlo y voltear todas sus “políticas”.
Pero no tiene alternativas, otra gestión suya (2011-2013) lo llevaría a devolver el poder con 66 años, cuando ya la andropausia haya limado sus fuerzas básicas. ¿Cuándo disfrutar entonces?
El síndrome de Urquiza se cierne adusto sobre el hermano menor.

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